Jóvenes al servicio de los demás, compartiendo mi vocación con universitarios. S. Wilo Haro, SJ

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Mientras los jesuitas realizamos una etapa de formación llamada magisterio, generalmente somos enviados a apostolados vinculados con la educación. En mi caso, mi misión en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador cubre algunos frentes; uno de estos es acompañar a los jóvenes del Programa de Liderazgo Universitario Latinoamericano Ignaciano - LULI.

La misión en el magisterio, indistintamente cual está fuere, a mi criterio se resume en una sola palabra: acompañamiento. Quizás podría sonar común y hasta trivial porque parecería que es parte de toda la misión de la Compañía de Jesús. Sin embargo, considero que en el magisterio y durante las últimas experiencias de los jóvenes de LULI, esa ha sido mi misión. He acompañado los procesos de vida de los jóvenes en los Ejercicios Espirituales y en la inserción mayor en Manabí.

Durante cuatro días los jóvenes de LULI realizaron la experiencia de Ejercicios Espirituales, para muchos de ellos, está experiencia ha sido importante no solo por la novedad, sino que han podido encontrar sentido a aquello que hacen y viven; así como, ser conscientes de lo que Dios les está pidiendo ahora en cada una de sus vidas. Por ende, acompañar sus procesos de vida siempre resulta ser un desafío y misterio, porque supone encontrarse con Dios cara a cara a través del acompañamiento.

Después de los Ejercicios Espirituales hemos iniciado un largo recorrido hasta San Isidro - Manabí. En algunas comunidades del sector los jóvenes han desarrollado actividades de la vida cotidiana de los hombres y mujeres de las comunidades de Pechichal, Rio Mariano y San Miguel de Piquigua. Estás experiencias en escuelas, fincas, cafetaleras, comedores y el Centro de Salud han permitido tener una breve visión de lo que supone insertarse en la vida de los pobladores de San Isidro.

Estás experiencias sin duda son vitales para pensar en el servicio, ayudan a brindar nuevas perspectivas de colaboración y sobretodo cuestionan la realidad de nuestro país. Por ahora los contrates de la vida de la ciudad con la del campo hace de la inserción mayor de LULI una experiencia que se caracteriza por tener espacios de reflexión, compartir la vida y convivir durante siete días. Allí es donde surge la riqueza y la diversidad de opiniones, criterios y risas que permiten encontrar sintonía con la experiencia de formación en liderazgo ignaciano.

En cuanto a mi, he sido testigo de sus esfuerzos, procesos y desafíos que se les presenta en el día a día. Debo decir con alegría que lo central de estas experiencias ha sido acompañar sus procesos personales y animarles a hacer las cosas con cariño. De allí que, acompañar tanto sus vidas como sus experiencias es un regalo que solo ha sido posible experimentarlo en esta etapa de formación que por ahora supone aprender a cuidar del otro.

Por: S. Wilo Haro, SJ

 

Fuente: Boletín Relatos. Jesuitas Ecuador.

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