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Tentados por el poder, la posesión y el reconocimiento (Mateo 4, 1-11)

Publicada en 5 · mar · 2017

5 de Marzo del 2017

1ª Semana de Cuaresma – Ciclo “A”

 

 

La Cuaresma es un tiempo para prepararnos a vivir la Semana Santa con profundo sentido humano y cristiano. La liturgia propone comenzar esta Cuaresma reflexionando nuestras tentaciones a partir de las tentaciones de Jesús en el desierto.

Las tentaciones vividas por Jesús, según el evangelista Mateo (4,1-11), son una alerta sobre las inclinaciones de nuestras motivaciones o deseos. De ahí la importancia de preguntarnos: ¿qué motivaciones y actuaciones están imbuidas por la sencillez, el servicio, la verdad, la justicia, la paz y cuáles poseen una dinámica distorsionada, errada, al margen de la Vida y de Dios?

La tentación es una experiencia humano-religiosa que afecta a toda persona en lo más interno de su existencia, porque toca muy de cerca cinco aspectos centrales de la vida: 1°) La gratificación consentida del deseo desordenado; 2°) La desviación de la actuación personal e institucional; 3°) La comunión con el pecado; 4°) El apartamiento de Dios; Y 5°), la destrucción de la convivencia.

La tentación de convertir las piedras en pan muestra la perversidad de una motivación personal o institucional ocupada sólo en mantener el poder a como dé lugar. Ante la tentación del poder, y mucho peor, del abuso del poder económico, militar, político, Jesús ha dicho: “que el hombre también vive de toda palabra que sale de Dios. El poder beneficioso se nutre de la justicia, la verdad y el amor, que son el camino que conduce a la paz.

La tentación de poseer todos los bienes del mundo muestra la malignidad de una motivación personal o institucional obsesionada por la posesión sin miramientos. Ante la tentación de la posesión, y peor aún, del dominio ideológico, sicológico o afectivo de las personas, Jesús ha dicho: al Señor, tu Dios, adorarás y a Él sólo darás culto. La posesión es beneficiosa cuando se piensa no sólo en sí mismo sino en el bien de los demás. De lo contrario es destructiva.

La tentación de lanzarse al precipicio confiado en que las fuerzas ocultas saldrán en su defensa muestra la perturbación de una motivación personal o institucional obstinada por alcanzar el reconocimiento a cualquier precio. Ante la tentación del reconocimiento, y cuánto más, de la distorsión de la verdad para ocultar la realidad, Jesús ha dicho: no tentarás al Señor, tu Dios. El reconocimiento sólo es auténtico cuando se asume con honradez, sencillez y valentía las fortalezas y debilidades propias.

El poder excesivo, la posesión dominadora y el reconocimiento falseado, son tres armas que matan la vida. De ahí sólo puede surgir la destrucción personal y, peor aún, la destrucción del colectivo. Un gran santo propuso hace siglos que la ruta para combatir estas tentaciones era el servicio (en vez del poder), la generosidad -solidaridad- (en vez de la posesión) y la humildad (en vez del reconocimiento).

Dios nos dio la vida, y junto a ella, también hemos recibido del Él una prohibición: Se nos prohíbe creernos dioses; disponer del bien y del mal como si fuera posesión propia; imponer lo que es bueno y lo que es malo prescindiendo de la trama de relaciones sociales; y se nos prohibió, también, desconocer a los otros, al desconocer lo que implica sus libertades, sus derechos, sus familias y lo que les sirve para vivir.

La mayor tentación de toda persona, sociedad, gobierno o institución (Cf. Rovira Belloso), radica en creerse Señor absoluto que puede manipular el bien y el mal, la libertad, la verdad, la justicia. Y ante esta tentación tan destructora, aparece nuevamente el imperativo de Dios: “no matarás” y los imperativos “respeta”, “se justo”, “ama” como un eco vigoroso de la voz de Dios.

Que la Cuaresma nos ayude a descubrir todo aquello que ata, paraliza y mata la vida, para que caminemos libres, convertidos, misericordiosos, justos, alegres y fundados en la esperanza.

Por  P. Gustavo Albarrán SJ

 

Atravesar  la  Tentación

¿Dónde vas y dónde quieres llegar cada tarde entre dos luces, cansado de andar y andar, hecho camino de esperanza? ¿Quién te sigue, quién se atreve a poner su pie desnudo en tu pisada siempre en marcha? ¿Por qué llevas sólo amor? ¿Por qué llevas paz y gracia?

¿Por qué saber que la luz de las estrellas es tu tienda en la noche que te aguarda? Caminante, de corazón pobre y libre, hecho tienda abierta en tu llamada. Caminante, alzando siempre la vista, que busca la perfección en la altura y dejas sola la playa.

Hay quienes no hacen camino, no buscan, no escuchan y su andar es solo pisadas, porque el alma se ha hecho sorda en el poder, prestigio y dinero, y la muerte se ha agarrado a sus entrañas. Pero a Ti te gusta dejar al paso la huella de tu pisada. Te gusta que el hombre oiga el pajarillo que el Padre alimenta cada mañana.

Señor de los caminos que busca llegar. Señor de los caminos abiertos entre los campos que gritan libertad. Señor de los caminos que arrancan al hombre de lo seguro, de los suyos, de sus bienes, de sus cosas, y lo lanza, a seguir tu paso hecho sendero estrecho y a seguir tu paso donde quiera que vayas.

Señor, si el camino es largo, si la sed y el sol abrasan, Tú eres el vaso fresco de agua. Arranca, arráncame de las cosas, que mi corazón aún guarda una gaviota que quiere abrir sobre el mar sus alas.

(Autor desconocido)