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Liberar la fuerza interior de la Comunión (Juan 6, 51-58)

Publicada en 18 · jun · 2017

Domingo 18 de Junio de 2017

Domingo de Corpus Christi – Ciclo “A”

 

Esta semana celebramos la festividad del Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi). Una celebración instituida para toda la Iglesia el 8 de septiembre de 1264 por el Papa Urbano IV. Corpus Christi invita a que hagamos de la Eucaristía un espacio y una experiencia especial que nos despierte y nos ponga a correr hacia la vida y no a la muerte.

Corpus Christi se celebra tradicionalmente el jueves siguiente al domingo dela Santísima Trinidad.Perola Iglesiala traslada al domingo después de la Trinidad para que muchos puedan participar de esta celebración.

Jesús dice en su Evangelio (Juan 6, 51-58): “mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida; el que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él”. Porque el Señor se da permanentemente como comida y bebida que sella amistades entrañables. Jesús mismo se convierte en el amigo y hermano para siempre.

También nuestra amistad ha de ser entrañable como la de Jesús, capaz de curar dolencias y sanar heridas, capaz de abrir caminos y contagiar alegría. La Mesa de la Comunión pide que nos convirtamos, por medio de nuestra palabra, gestos y actuación, en testigos de su presencia.

Con más urgencia que ayer, necesitamos hoy alimentarnos de la Mesa de Dios. Necesitamos hacer que nuestras Eucaristías se conviertan en la celebración gozosa de la vida de hombres y mujeres que se comprometen para cambiar el miedo en sosiego, el dolor en salud, la desesperación en calma y el llanto en esperanza.

Si vivimos como Jesús, nuestra amistad tendrá el poder de manifestarse cercana frente a toda distancia, grata frente a toda ingratitud, exigente frente a toda ambigüedad, alegre frente a toda tristeza, amable ante todo rechazo, consistente ante toda debilidad, abierta ante toda cerrazón.

El Señor no se negó ni se negará a nadie. Su Cuerpo y su Sangre son auténtica comida para todo el que tenga hambre y sed de Dios y alimento de todo el que quiera que su propia vida sea lámpara que apura la noche y hace que el día amanezca. Su Carne y Sangre como alimento partido, repartido y compartido nos descolocarán y nos pondrán de cara a la esperanza.

Que la alianza o pacto que sellamos en la Mesa de la Comunión libere nuestra fuerza interior del servicio y del amor, para que sin demora hagamos de cada encuentro, de cada reunión, de cada hogar, de cada grupo, auténticas Mesas de Salvación.

 Por: Gustavo Albarrán, SJ

Comida Que Produce Vida

Señor, nos has enseñado a distinguir la diversidad de cosas que nos alimentan y mantienen en pie nuestras existencias. Te has mostrado como comida divina, no sólo para alimentar y nutrir nuestro cuerpo, nuestra racionalidad y nuestra afectividad, sino, para que nos convirtamos en alimento que llena la vida de esperanza.

Nos has mostrado, Señor, que comemos tu Carne y bebemos tu Sangre, cuando surge en nosotros una especie de energía que inunda y lo estremece todo, despertando el deseo de poner en común lo que somos y tenemos para que aprendamos a llevarnos en el afecto, la ayuda mutua y la fe.

Necesitamos el pan que nos hace inmortales más allá de toda mortalidad, saludables más allá de toda dolencia, alegres más allá de toda tristeza. Te necesitamos a Ti que eres Carne y Sangre que nos hace vivir para siempre sumergidos en el corazón del mundo.

(G.A.)