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PALABRA DE LA CPAL: PARA QUE LLEVE FRUTO

 

En los días de preparación a la Navidad un niño me preguntó: Y, ¿por qué Jesús no nació en nuestro tiempo? ¿Te imaginas? Todos los pastores hubieran avisado por sus celulares lo que estaba pasando. El Gloria de los ángeles se hubiera convertido en viral en internet. No hubieran venido sólo tres magos de Oriente. Por las redes sociales hubieran corrido la voz y hubieran llegado por avión miles de personas de todo el mundo. Entre ellos multitud de periodistas. Tendríamos hasta videos de Jesús niño…

La pregunta del niño se me quedó rondando hasta convertirse en teológica: ¿por qué Dios escogió un perfil bajo, un tono menor?

Es la pregunta que me hago cada vez que me hablan de impacto, de marketing de la Palabra, de eficiencia evangelizadora en números y porcentajes.

Cuando pienso que la alegría, del Evangelio, la alegría del amor, la alegría de la creación, por pensar en las tres cartas del Papa Francisco [1], son un regalo para compartir, una gracia que debe difundirse lo más posible.

Pero Dios no quiso hacerlo al estilo del marketing y el espectáculo. Quiso hacerlo con la suavidad de las ondas que forma la flor al caer en el lago, de la brisa del atardecer, que difunde el frescor y poliniza las plantas. Suavemente, por proximidad y empatía.

Es la pregunta que nos hacemos la comunidad ignaciana en América Latina. Para responderla diseñamos el Proyecto Apostólico Común (PAC) y hemos venido aplicándolo. Para ello nos hemos preguntado a medio camino cómo vamos. Y para ello queremos preguntarnos cómo seguir. Para eso estamos organizando una reunión para marzo que hemos llamado ImPACtando.

Para renovar nuestra fidelidad y entusiasmo por el núcleo central del Evangelio. Porque como dice el P. Adolfo Nicolás, a veces nos distraemos, se nos difumina el centro, nos dejamos llevar detrás de mariposas de colores.

Y para usar las redes que somos y tenemos para difundirlo. Con ese estilo de redes, más horizontal y participativo, más flexible y movilizador, más respetuoso y con más ligereza y disponibilidad para lo nuevo, para las fronteras. Pero siempre con el norte claro en el Evangelio, vivido al estilo de Ignacio de Loyola.

Desde ya empezamos a prepararnos con la oración y la reflexión. Porque queremos que sea un momento de impacto, pero de tono menor, como las aguas profundas, cuyo rumor sólo se escucha cuando vamos muy adentro, pero que florecen en todo árbol que hunde sus raíces hasta ellas.

Acompáñanos para que ImPACtando se cargue de fruto.

 

Jorge Cela, SJ

Para ler todo o artigo em português: Palavra da CPAL Para que tenha fruto

[1] Evangelii Gaudium, Amoris Laetitia, Laudato Si.