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PALABRA DE LA CPAL: COLABORAR EN-RED-DÁNDONOS

 

 

En la pasada reunión de ImPACtando el Padre General nos invitaba una vez más a tener la “audacia de lo imposible” y a poner todas nuestras energías al servicio de la Misión de Cristo. En su discurso inaugural el P. General invitó a la asamblea a imaginar que la Compañía de Jesús nunca existió, y que San Ignacio y sus primeros compañeros estuviesen hoy día (2017) intentando darle forma al fuego apostólico que iba creciendo entre ellos: ¿qué estructura de gobierno habrían diseñado?, ¿qué formas de comunicación habrían implementado?, ¿qué tipo de estructura comunitaria y apostólica estarían fundando hoy?, ¿qué mediaciones habrían utilizado para promover y crecer en la unión de un Cuerpo Apostólico completamente orientado a la Misión?

Ya desde 1965, la Congregación General 31ª expresó la necesidad de crecer e incrementar la cooperación interprovincial, e invitó la Compañía a explorar vías de colaboración entre las provincias (D47, .7). El P. Arrupe, quien parece que “iba unos cuantos años adelante”, en un discurso sobre ese particular (14/10/66), decía:

“… La Compañía cierto, es una por esencia, y preexiste a las Provincias; bien se dice que ‘se divide en Provincias, Viceprovincias, Misiones’; no que ‘se forma de Provincias’. Con todo, desde el principio se crearon las Provincias. Pero éste no puede ser un concepto ‘fixista’. Ni hay que tomar en consideración solamente las líneas verticales, por las que se ordena la comunicación entre los miembros y la Cabeza, especialmente por medio de los Superiores locales y los Provinciales. Todo el cuerpo está articulado y vive orgánicamente, según las Constituciones mismas, igualmente por las comunicaciones horizontales. A los superiores mismos les incumbe la obligación de fomentar esta mutua relación. ¿Es que hay oposición entre esas dos dimensiones? ¿No es verdad que deben completarse entre sí armónicamente?”

La misma idea fue expresada por el P. Arturo Sosa hace algunos días en el encuentro ImPACtando al recordarnos que “las Provincias no pertenecen genéticamente al DNA de la Compañía” y que, por lo tanto, no son ni la única ni la necesaria forma de gobierno para la misión. Y agregaba el P. Sosa: “por eso no somos jesuitas de una provincia X o Y, sino miembros de Una Compañía prestando servicios en X o Y provincia”.

Es verdad que lo que dijo el P. Arrupe de las “Provincias” puede ser dicho hoy, también, de las “Conferencias”; como se puede decir de las “asistencias” o los “secretariados” o de las “plataformas” o “regiones” y de toda otra forma organizativa que no sea la figura y papel del General: cabeza visible y principio de unión de la Compañía. Pero lo que también es cierto es que cada vez se siente, se comprende y se afirma más la necesidad de implementar nuevas formas de organización que encarnen la vocación universal de la Misión que nos fue encomendada y los criterios que le son propios (“que el bien entre más universal es bien mayor” e “ir allí donde otros no pueden o no quieren estar”).

Tanto la CG 32ª como las CGs 34ª y 35ª reafirmaron la importancia ya no sólo de la colaboración interprovincial sino de la organización de las Conferencias (sin hablar nunca de ellas como “intermedias” entre el gobierno del General y del Provincial) y estimularon la Compañía a seguir creciendo y experimentando formas de gobierno que respondan a los desafíos misionales actuales.  Y cuando muchos esperábamos que la CG 36ª se pronunciara más definitivamente sobre las Conferencias, ésta reafirmó lo estatuido por las anteriores congregaciones y pidió que entre ellas (las 6 conferencias existentes) se busque elementos comunes que garanticen la unión en la diversidad que caracteriza la fidelidad a la Misión en la Compañía.

Para construir y comprender un tipo de gobierno que, sin competir ni ser paralelo o yuxtapuesto al de las Provincias, el texto citado del P. Arrupe sigue siendo fuente de orientación y de luz:

“Ni hay que tomar en consideración solamente las líneas verticales, por las que se ordena la comunicación entre los miembros y la Cabeza, especialmente por medio de los Superiores locales y los Provinciales. Todo el cuerpo está articulado y vive orgánicamente, según las Constituciones mismas, igualmente por las comunicaciones horizontales. A los superiores mismos les incumbe la obligación de fomentar esta mutua relación. ¿Es que hay oposición entre esas dos dimensiones? ¿No es verdad que deben completarse entre sí armónicamente?”

El trabajo que se ha ido realizando en la CPAL (y en otras Conferencias) en la promoción y organización de la dinámica de REDES (sea este el nombre que se use para llamarlas o sea el de “asociaciones” o “federaciones” o “encuentros” o “proyectos” o “grupos”, etc.) responde fundamentalmente a esa condición de nuestra unión: la de la comunicación horizontal, de la responsabilidad de todos por el cuerpo, del discernimiento como tarea común, de la creatividad como don del Espíritu para todos. Se trata del principio de la redarquía que no se opone de manera ninguna al de la jerarquía, sino que se complementan y ayudan mutuamente.

Fue muy consolador experimentar la gran vitalidad de la dinámica de REDES en nuestro encuentro ImPACtando y tener allí presentes, al mismo tiempo, al P. General y a los 12 provinciales de América Latina y El Caribe. Esa alegría ha crecido al participar personalmente en el Foro Jesuítico Pan amazónico (Tarapoto, 26 y 27 de abril) y en la Asamblea de la Federación Fe y Alegría (Asunción, 8 y 29 de abril), y constatar que lo que se vivió como un hervidero de ideas y conexiones en el sínodo jesuítico de Lima se reproduce en una dinámica de “en-red-darse” que nos vincula a muchos otros, dentro y fuera de las redarquías y jerarquías de la Compañía, todos con objetivos misionales comunes.

Salir del propio “querer e interés personal” y del propio “querer e interés institucional”, y co-laborar en-red-dándonos entre nosotros y con otros es, sin duda, un desafío mayor para ser generosos y eficaces en la misión que tenemos: la de Cristo redentor (salvar). En esa dinámica del Espíritu las Conferencias encuentran una de sus expresiones privilegiadas y una de sus más importantes tareas.

ROBERTO JARAMILLO, SJ

Para ler todo o artigo em português: Palavra da CPAL